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  • Estudian las causas de la explosión del edificio que deja cuatro muertos
  • Madrid, 21 ene (EFE).- Un amplio despliegue de bomberos, policías, técnicos y operarios municipales ha trabajado este jueves para evaluar los daños en el edificio parroquial ubicado en el número 98 de la calle Toledo de Madrid, desescombrar y determinar las causas de la gran explosión del miércoles que deja cuatro muertos.

    Una doble explosión previsiblemente causada por una acumulación de gas cuyo origen se desconoce y que esta madrugada se ha cobrado una cuarta vida, la del sacerdote Ramón Pérez de Ayala, de 36 años de edad, fallecido en el hospital de La Paz como consecuencia de las graves heridas que le provocó el accidente.

    Este martes se ha conocido la identidad de los cuatro fallecidos: el sacerdote; su amigo David Santos, un feligrés al que pidieron ayuda para arreglar la caldera que había dejado de funcionar; Javier, un albañil de 45 años de La Puebla Amoradiel (Toledo) que trabajaba en el edificio de enfrente, y Stefko Ivanov, un vecino de Fuenlabrada, de nacionalidad búlgara y 46 años que en ese momento pasaba por la calle.

    De la decena de heridos que provocó la explosión, tan solo uno permanecía este jueves hospitalizado, un hombre de 53 años con traumatismo craneoencefálico leve y fracturas costales, pero con previsión de que saliera del Hospital Ramón y Cajal este mismo jueves.

    La Policía Científica y los bomberos han dedicado buena parte de la jornada a tratar de determinar el estado del edificio de seis plantas y el motivo de la explosión, para lo que, ante la imposibilidad de acceder, han recurrido a drones que han captado la devastación que provocó la explosión en las estancias.

    Estaba previsto que comenzaran los trabajos de demolición de las plantas superiores del edificio, realizados desde el exterior y en altura previa retirada de los forjados, a la espera de que se determine qué hacer con el resto, pero al final no ha sido así.

    Técnicos de control de Edificaciones del Ayuntamiento de Madrid han comenzado con las labores de desmontaje de las plantas superiores con la retirada de escombros por medio de grúas, lo que ha reducido el riesgo de colapso, y previsiblemente el viernes a primera hora empiecen a romper los forjados.

    También se han eliminado escombros de los edificios colindantes y se ha saneado la calle, de la que esta mañana fueron retirados 16 vehículos.

    Además, el grupo de Policía Judicial de la Comisaría de Centro ha empezado a tomar declaración a una decena de testigos y a solicitar documentación de las instalaciones de gas en el edificio y de su mantenimiento, han informado a Efe fuentes policiales.

    Lejos aún de la ansiada normalidad, los vecinos del céntrico barrio de La Latina tratan de asimilar lo ocurrido y por las calles se suceden los comentarios sobre la violencia de la explosión ("me levantó un palmo del suelo", ha relatado una vecina a EFE), el dolor por las víctimas y el alivio por lo que pudo haber pasado si las circunstancias hubieran sido otras.

    Porque, además de estar situado junto a una residencia de ancianos y un colegio, el edificio parroquial tenía capacidad para unas 130 personas y un salón para 60 asistentes, han indicado a Efe fuentes del Arzobispado.

    También desde el movimiento Camino Neocatecumenal -al que pertenecían el sacerdote Rubén y David- reconocen que la tragedia podría haber sido incluso peor, ya que, en la hora de la explosión, el edificio estaba poco transitado. "Por la tarde hubiera sido una desgracia aún mayor", detallan fuentes del movimiento a Efe.

    El horario de mayor afluencia de gente es a primera hora de la mañana y a las ocho de la tarde por las actividades que organizan en este centro, pero a las tres de la tarde apenas había ocupantes, entre ellos David, un empleado de Metro con conocimientos en electricidad que se acercó a ayudar a los sacerdotes, uno de ellos su amigo Rubén, ante el mal funcionamiento de la caldera del edificio.

    Tampoco se han producido daños estructurales en los edificios de viviendas próximos, aunque uno de los bloques (el número 102) presenta "bastantes daños", como paredes agujeradas y ladrillos caídos, por lo que sus vecinos no han podido volver, según fuentes municipales.

    Tampoco han podido regresar aún a sus casa los del portal 104, ya que los técnicos no han podido inspeccionar aún todas las viviendas. En cambio, sí han podido regresar este jueves todos los vecinos del portal 106 que como los otros dos fueron desalojados por completo.

    De todos estos vecinos desalojados, 23 fueron desviados a recursos municipales.

    Entre tanto, los niños del colegio La Salle La Paloma seguirán recibiendo clase online y los ancianos de la residencia Los Nogales permanecerán en el centro en el que fueron reubicados hasta que se garantice la seguridad de sus instalaciones, aledañas al número 98 de la calle Toledo.

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