EFEHuehuetán (México)

La nueva caravana conformada por unos 6.000 migrantes, en su mayoría de países centroamericanos y de Haití, retomó este domingo su marcha por el estado de Chiapas, sur de México, pero avanza a paso lento y bajo estricta vigilancia de agentes de migración y Guardia Nacional.

En su segundo día de recorrido, todavía muy cerca de la frontera con Guatemala, los migrantes buscan completar unos 15 kilómetros, distancia que recorrieron el sábado, y mantienen firme su propósito de llegar a la Ciudad de México y posteriormente dirigirse hacia Estados Unidos.

Tras pasar la noche y descansar en la comunidad de Álvaro Obregón, todavía en la ciudad Tapachula, este domingo a las 8.00 horas (13.00 GMT) el éxodo de migrantes se dirigió a la carretera con rumbo al municipio de Huehuetán.

Aunque su intención primeramente es salir del estado de Chiapas, que tardarán en recorrer varios días, los extranjeros tienen como meta llegar a la capital mexicana para regularizar su situación ante el Instituto Nacional de Migración (INM).

Con vigilancia mediante vehículos en vanguardia y retaguardia, la caravana camina los primeros kilómetros de una travesía de unos 1.160 kilómetros hasta la capital mexicana.

DISPUESTOS A TODO

"Esta marcha es por la libertad, vamos con Dios, él es quien nos va guiando y tenemos la idea de llegar a Estados Unidos", dijo a Efe el migrante cubano Pablo Iván Cifrian, quien dijo no le importa caminar "10, 20, 30 y 50, 100 o 1.000 kilómetros".

Además, comentó que para llegar a su objetivo están "dispuestos a romper barreras y todo lo que se ponga por delante" ya que su meta es llegar con este contingente a la Ciudad de México.

En tanto, la hondureña Kari Pineda contó que se unió a la caravana de migrantes para huir de la pobreza, la inseguridad y la corrupción que se vive en su país y en busca de mejores oportunidades.

"Tenemos la esperanza de llegar a Estados Unidos para trabajar y darle un mejor futuro a nuestros hijos", comentó.

La idea de Pineda es llegar a la Unión América buscar trabajo y ganar dinero para "poder construirle una casa a mis hijos" ya que la que tenía fue destruida por el paso de los huracanes en el 2020.

En tanto, Denis, un cubano que viaja en compañía de su esposa, dijo que ambos cuentan con pasaporte pero se integraron a la caravana para llegar a la Ciudad de México y comenzar sus trámites de estancia legal en el país.

La mayoría de los viajeros acusan nula atención de las autoridades mexicanas para cumplir trámites en el país y algunos, con más de un año en Chiapas, salieron al camino como repuesta a la política de contención que el Gobierno mexicano ha desplegado en la ciudad de Tapachula, frontera con Guatemala.

FALTA VOLUNTAD POLÍTICA

Precisamente la ONG Pueblo Sin Fronteras denunció "la conversión de Tapachula, Chiapas en ciudad cárcel".

En un comunicado, la organización dijo que "miles de personas migrantes han sido atrapadas en esta ciudad que no tiene los recursos ni la voluntad política para atender sus necesidades y garantizar sus derechos humanos".

Señaló que el Gobierno mexicano ha actuado bajo presión y amenaza económica del Gobierno de Estados Unidos y por ello utiliza "engaños y trabas burocráticas" de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) junto con la corrupción, abusos y deportaciones arbitrarias del Instituto Nacional de Migración (INM).

Además de la fuerza militar de la Guardia Nacional (GN) "para detener por medio de la coerción y la violencia a personas en necesidad de libertad de tránsito y protección internacional. Es necesario y justo que se rompa el cerco carcelario antimigrante de Tapachula".

Para no ser sorprendida por las autoridades, la caravana busca avanzar a un mismo paso y esperan a mujeres y niños para evitar quedar rezagados y ser detenidos por los agentes de la Guardia Nacional o de Migración.

Esta nueva caravana se puso en marcha luego de que en los primeros días de septiembre, las autoridades mexicanas frustraron el avance de cuatro caravanas de migrantes que partieron precisamente desde Tapachula.

Entonces, varias agencias de la ONU y ONG criticaron el uso de la fuerza en los operativos para desintegrar dichas caravanas.

La región vive una ola migratoria sin precedentes desde comienzos de año, con un flujo histórico de 147.000 indocumentados detectados en México de enero a agosto, el triple de 2020.