EFESantander

La fundadora de la ONG Itwillbe, Arancha Martínez, dejó atrás su trabajo en el sector financiero en Dublín y los ratos de ocio con sus amigos en el barrio de Temple Bar, para hacer un voluntariado en India que le cambió la vida y le llevó a diseñar soluciones innovadoras para identificar a los 10 millones de niños que se estima que viven en las calles de ese país.

Todo ello en una cultura "un poco más machista" que la española, subraya Martínez, quien ha protagonizado un desayuno de trabajo organizado en Santander por la Asociación de Empresarias de Cantabria junto con la Cámara de Comercio.

"Cuando te dejas ir por el camino de la vida, hay mucha magia inexplicable que te dirige", subraya Martínez, galardonada con el premio mujeres innovadoras de la Unión Europea.

No sólo ha supuesto un reto desarrollar su labor en India siendo mujer, sino también hacerse hueco en el mundo de la digitalización, compuesto en su mayoría por hombres.

Itwillbe se dedica a combatir la pobreza a través de la innovación tecnológica y también a brindar apoyo a mujeres y niños vulnerables.

Tras un comienzo "desesperanzador", al ver que ayudaba a muy pocas niñas en comparación con todas las que había en situación de necesidad, Martínez se dio cuenta de que cada pequeño tenía su propia historia.

"Una niña se quemó la mayor parte de su cuerpo para dar asco a los hombres en las estaciones de tren", relata, acerca de una de las historias que más le impactó.

A su vuelta a España, cuando ya había puesto en marcha equipos de ayuda, se dio cuenta de que podía ayudar a más niños gracias a los avances tecnológicos.

"Otros sectores se habían transformado muchísimo, pero para los clientes más vulnerables, con los problemas sin resolver más importantes, se seguía trabajando como hace 50 años con papel y bolígrafo", subraya.

En ese momento entendió que había que aplicar las ventajas de la digitalización y de los datos a la ayuda humanitaria y cambiar el enfoque de la organización.

Así, Itwillbe comenzó a formar a ONGs locales para que introdujeran tecnologías que faciliten su trabajo de ayuda a los niños callejeros.

Empezaron a implementar la biometría palmar para identificar a los niños, que no tienen en su mayoría documentos de identidad, lo que provoca que las bases de datos de las organizaciones "sean un caos".

Este sistema, que fija su objetivo en las venas de los niños, permite identificarlos a pesar de que crezcan y además no es intrusivo para ellos, y resulta especialmente útil para conocer mejor a los niños y, por ejemplo, saber si están vacunados.

Hoy esta fórmula está en expansión, y ya se plantea para otros países como Senegal y Sierra Leona, con el objetivo de seguir creciendo y tejiendo redes de trabajo.

"Sueño con que un día no sea necesario que exista Itwillbe porque significará que el mundo es justo y no existe la pobreza", afirma.

Pablo G.Hermida