EFELisboa

"Hay límites". Es la frase más repetida hoy en el principal hospital de Lisboa, el Santa Maria, donde la intervención del Gobierno a la huelga de los enfermeros es, para sorpresa del sector, apoyada por una sociedad que hasta ahora se había puesto siempre de parte del trabajador.

"Creo que toda la gente tiene derecho a huelga, pero no se puede poner en riesgo la vida humana, pueden encontrar otras formas", opina Maria Marguerida, que ha tenido que acudir este viernes a las consultas del Santa Maria, se repite a lo largo de la mañana entre las personas que transitan por este edificio y hablan con Efe.

El hospital, ubicado en el norte de Lisboa, se ha convertido en epicentro de las protestas de los enfermeros tras conocer que su paro sería intervenido por el Gobierno del socialista António Costa, una medida muy infrecuente en la historia de la democracia portuguesa y que no se había usado en esta legislatura.

La decisión implica que serán obligados a trabajar enfermeros suficientes para garantizar los servicios mínimos, que según el Ejecutivo no se cumplen, aunque los enfermeros niegan este extremo.

Según datos del Colegio de Médicos, durante la anterior huelga de enfermeros, realizada durante unos cuarenta días a finales del año pasado, al menos 500 cirugías "prioritarias" -consideradas inaplazables para la salud del paciente- no se realizaron.

Pese al éxito de la campaña de "crowdfunding" de los sindicatos -que recaudaron más de 700.000 euros para financiar sus huelgas- y a la comprensión que los portugueses suelen demostrar con las protestas laborales, la decisión no ha generado el esperado efecto rebote y esta vez las simpatías se han girado hacía el Gobierno.

"Me parece bien que haya una especie de obligación a que alguna parte de los enfermeros trabajen, porque hicieron un juramento. Tienen un juramento para servir", apunta a Efe João Pedro Cardoso, que acude al ala de maternidad, donde este jueves nació su hija.

Cardoso asegura apoyar cualquier huelga que pida mejorar los derechos de los trabajadores, e insta al Gobierno a "tener menos charla y más actuación" para resolver el problema, pero apela al sentido común de los sanitarios.

"Que unos paren y otros hagan los servicios mínimos", propone, antes de decir que los enfermeros "tienen que entender que, si se tiene que hacer una huelga, se hace, pero también tiene que haber personas que hagan el trabajo para quien lo necesita también", en este caso los pacientes.

Mientras entra al hospital, sale Manuel Palma, quien acompaña a su esposa en urgencias y señala a Efe que, aunque "todos tienen razón" en este paro, se debe tener en cuenta el contexto económico del país, que dio por finalizado su rescate en 2014.

"Quizá tenga razón en parte, pero poniendo atención a la situación del país, el estado económico, deberían no participar en huelgas, aguantar un poco más a ver si el país progresa más a nivel financiero", considera.

"Los enfermeros, los profesores... ¡todos haciendo huelga! Y no se puede. Si aguantaron cuatro años con el anterior Gobierno, ¿por qué no aguantan un poco más ahora?", se pregunta, antes de opinar que "por mucha razón que tengan (los enfermeros), no debería ser así (el paro)".

Otros defienden a los enfermeros y critican la intervención gubernamental: "¿Obligarlos a trabajar? ¿es la esclavitud?", pregunta retórica Antónia Luz, que viene, de nuevo sin éxito, a una consulta de oftalmología.

"Tengo una consulta para la vista que ya fue alterada tres veces. Ahora solo me atienden a final de este año", afirma Luz, quien en total lleva dos años esperando, pero que apoya el paro de los enfermeros sin reservas ante el mal estado del sistema sanitario que dice observar.

"¡Los enfermeros tienen todo el derecho a hacer huelga! Están luchando por los pacientes, quieren las mejores condiciones para los pacientes", recuerda la paciente en un país donde hay prácticamente unanimidad en que la sanidad está al límite y hacen falta cambios. El problema, dicen, son las formas.

Cynthia de Benito