EFELisboa

El miedo a asumir riesgos y a fallar de los portugueses no les ha impedido sacar su espíritu emprendedor y dar un impulso a los negocios emergentes en el país, donde este año se espera un récord histórico de creación de nuevas empresas.

Con el apoyo de eventos como la Web Summit y una estrategia gubernamental de apoyo al emprendimiento, Portugal se ha convertido en una referencia europea para atraer a extranjeros que buscan instalar su empresa emergente o "start-up", pero el talento patrio tampoco se ha quedado atrás.

Haciendo gala del espíritu emprendedor que ya demostraron Vasco da Gama y el resto de exploradores lusos durante la era de los descubrimientos, empresas emergentes con sello portugués triunfan cada vez más dentro y fuera de sus fronteras.

El ejemplo más claro es Farfetch, de comercio de moda por internet y que, aunque tiene su sede en Londres, fue fundada por el portugués José Neves y se acaba de estrenar en la Bolsa de Nueva York.

Pero también Talkdesk, una solución para centros de atención o "call centers" de empresas creada en 2011 y exportada a más de 50 países; Uniplaces, una plataforma de alojamientos para estudiantes presente en seis mercados europeos, o Padaria Portuguesa, una cadena de pastelerías que abrió en 2010 y ya suma seis decenas de tiendas.

Todas ellas fueron lanzadas por portugueses que superaron uno de los principales obstáculos a la creación de empresas: la aversión al riesgo, un inconveniente que pisa más fuerte en Portugal que en otros países.

Según el último informe sobre emprendimiento de la firma Amway, sólo el 35 % de los emprendedores portugueses está dispuesto a correr el riesgo de fallar, por debajo de las medias europea (41 %) y global (47 %).

"Tenemos mucho más miedo a fallar que el resto. Tal vez por eso empezamos más tarde a crear este tipo de negocios", señaló a Efe la periodista lusa Mariana Barbosa, autora de un retrato del ecosistema portugués recogido en "O livro dos fazedores" ("El libro de los hacedores") y que considera que el miedo es una "cuestión cultural".

Pese a este miedo, se ha registrado una gran evolución en la última década y palabras como "start-up" o "unicornio" -empresas emergentes valoradas en más de mil millones de dólares- han pasado de ser desconocidas a poblar las páginas de los periódicos.

El cambio se ha reflejado en la agenda mediática y en la sociedad, que se ha abierto a la idea de emprender y va dejando atrás el recelo que suscitaba.

"Hace diez años había un gran escepticismo, la gente no comprendía por qué personas que acababan de salir de la universidad querían crear negocios", recuerda Barbosa, "ahora los padres dicen con orgullo que su hijo es emprendedor", concluye.

La crisis que azotó Portugal fue uno de los factores que impulsó el emprendimiento, que se presentó como una alternativa a la falta de empleo, aunque la periodista también considera que se ha beneficiado de la entrada en el mercado de la generación milenial.

"Son personas muy formadas, que estuvieron fuera y estudiaron en las mejores universidades, con un acceso a la información que los empresarios de hace 30 años no tenían... Y querían quedarse en el país a pesar de que no había trabajo", explica.

La mejora económica no parece haber frenado el empujón emprendedor de Portugal, donde entre enero y octubre se crearon más de 37.700 empresas y se espera que 2018 cierre con un récord histórico de nuevos negocios, según el barómetro de la consultora Informa B&D.

En tecnologías de la información y la comunicación, uno de los sectores más inclinados al emprendimiento, el número de nuevas empresas se duplicó en la última década.

Con estas cifras, y un escenario propicio para el emprendimiento -el Gobierno portugués lanzó este año un nuevo paquete de incentivos a start-ups-, el ecosistema portugués parece tener todavía mucho camino por delante: "Vamos a crecer en número de unicornios, en volumen de inversión... No hay vuelta atrás", sentencia Barbosa.

Paula Fernández