EFELisboa

Lleva falda de leopardo, zapatillas Converse y canta un fado que ha conseguido recuperar el interés de los jóvenes, agolpados para escucharla hasta en festivales donde el cabeza de cartel es Pearl Jam: Teresinha Landeiro, sorpresa de la canción lusa, se lanza ahora al mercado con su primer disco.

"Namoro" es su apertura oficial, una oportuna "tarjeta de visita" tras diez años de experiencia en locales lisboetas, dice Landeiro en entrevista con Efe en uno de esos sitios que le han visto madurar, la Asociación de Fado Casto.

Con apenas 22 años, suma ya incontables noches en este local, uno de los epicentros del género musical más conservador de Portugal, el que canta a la saudade, al desamor, a la tristeza en mayúsculas; en contadas ocasiones, también a la esquiva alegría de los lusos.

Es un camino que no se cruza con el hip hop, el pop o el reguetón, los ritmos más escuchados por los jóvenes en el país, a los que Landeiro ha recuperado poco a poco con una estrategia que combina novedad en las letras con una imagen física desenfadada.

"Creo que esta forma de cantar, y los temas que escojo para cantar, pueden hacer que el fado llegue a personas más jóvenes", apunta, aunque matiza que ella interpreta de la forma más tradicional posible.

Pero ha introducido cambios que han marcado la diferencia, cosas "más innovadoras".

"Por ejemplo, recuerdo un tema del disco que tiene percusión", comenta, una canción "muy alegre, que habla de amor, de una historia bonita, y la sonoridad y musicalidad hacen que llame la atención porque no es el fado tradicional, no es triste... es leve, que fácilmente puede llegar a otro tipo de personas".

La otra clave es la presencia física, alejada de la "imagen del chal sobre los hombros, el vestido siempre negro, largo".

"Esa imagen, sin faltar al respeto, se ha superado", afirma Landeiro, para quien la presencia física es fundamental para despertar la curiosidad.

Y ella lo ha conseguido, tanto como para ser una de las principales estrellas del escenario dedicado al fado en el NOS Alive, el festival más importante de cuantos tiene Portugal y donde este verano puso el broche de oro nada menos que Pearl Jam.

Audiencia joven a la que presenta un complejo equilibrio: letra actual que no se mezcle tanto con lo nuevo como para dejar de ser fado.

"La cuestión es que es fácil hacer mezclas, pero es difícil hacerlo de forma correcta. Hay muchos proyectos de fusión, pero es muy importante el nombre que damos a las cosas. Tenemos que saber muy bien decir: lo que yo hago, ¿es o no fado?", advierte.

Por el momento el experimento es "una lucha complicada" que se soluciona a veces simplemente actualizando palabras "que no se usan hoy en día", algo que ya hacen fadistas como Gisela João, que "habla de coches de choque, churros, ferias, cosas de las que nunca se habló en los fados porque no existían antiguamente".

"Es con cosas así que vamos atrayendo a los jóvenes", aunque sin pasarse; no ha llegado el momento aún de crear un fado que cuente una historia en Tinder.

"Creo que es arriesgado, no creo. Estamos hablando de música tradicional y una música que cuenta una historia, aunque el Tinder puede entrar en una historia, ya hay muchas parejas que se conocieron por Tinder, ¿no? Hay un limite aún que no se puede pasar", sostiene la joven, también compositora.

Uno de sus mayores temores, ya sea a través de colaboraciones o posibles mezclas, es que el fado "se pierda", por lo que prefiere asentar bien los cimientos del fado clásico, aunque no cierra la puerta a experimentar, siguiendo la estela por ejemplo de la española Rosalía, con quien le gustaría trabajar.

"Es una artista que también está apareciendo ahora con fuerza, tiene una imagen fuerte y también habla de lo que es tradicional en España. Y el fado y flamenco unidos debe ser una conjunción maravillosa. Ya se ha hecho otras veces, pero con una persona joven tiene otro encanto", declara.

Cynthia de Benito