EFELisboa

Portugal cerrará 2017 con casi medio millón de hectáreas calcinadas por los incendios que se desencadenaron en el centro y norte del país, los más devastadores en los meses de junio y octubre, en los que murieron 109 personas.

Según el último balance divulgado por el Instituto de Conservación de la Naturaleza y los Bosques (ICNF), a fecha de hoy, 29 de diciembre, la superficie total calcinada por los fuegos es de 496.646 hectáreas.

Del total, el 62 % de la superficie quemada es de arbolado, mientras que el resto es matorral y monte bajo.

El ICNF también informó de que fueron registrados hasta hoy un total de 17.698 incendios forestales a lo largo de 2017.

De esta manera, este año ha sido el peor desde la década de 1990.

Entre 1990 y 2000, la media de superficie arrasada por las llamas fue de 107.000 hectáreas y el año más trágico fue 1991, donde se quemaron 182.000 hectáreas.

En el siglo XXI, los años con mayor número de superficie arrasada por los fuegos fueron 2003 (423.949 hectáreas) y 2005 (325.226), mientras que en 2008 y 2014 se quemaron menos de 20.000 hectáreas.

A lo largo de 2017 hubo dos días de especial incidencia de incendios forestales, el 17 de junio y el 15 de octubre, en los que fallecieron en total 109 personas.

El gran incendio desatado el 17 de junio en Pedrógão Grande, en el centro del país, provocó 64 muertos y más de 250 heridos.

Y la nueva oleada de fuegos que arrasó el centro y el norte de Portugal el pasado 15 de octubre, dejó otros 45 fallecidos y cerca de 70 heridos.

El distrito portugués más afectado en 2017 es el de Coimbra, donde las llamas calcinaron 113.000 hectáreas, seguido de Guarda (60.000), Castelo Branco (52.700) y Viseu (46.800).

De manera especial, ha habido entornos naturales muy afectados por las llamas, sobre todo el los parques naturales de la Sierra de Estrela y del Douro Internacional y la Sierra de la Gardunha.

Ante la enorme incidencia de incendios en este año, en el que la superficie arrasada por los fuegos subió un 428 % con respecto a la última década, el Gobierno portugués quiere remodelar el sistema de extinción de los fuegos.

Al igual que en España, instaurará la figura del coordinador de extinción, que juega un papel esencial, sobre todo para que la labor de los medios sea más eficaz con el fin de frenar el avance de las llamas al inicio de la deflagración.