15 ene.- Si comparamos, al final del día en EE.UU. y Venezuela está pasando más o menos lo mismo, bajo el gobierno de un caudillo narciso y evasivo, electo en dudosas circunstancias, que se hace llamar nacionalista y apela a la división social. Mientras, Rusia y China se aprovechan de ambos.

Hace unos días la presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, pidió al mundo apoyo ante la avalancha imperialista china, que no reconoce democracia, derechos humanos ni soberanía a la hora de pasar rastrillo.

La doña tendrá que tomar número para ser atendida, como sucede en las panaderías o carnicerías congestionadas. Es la triste realidad mundial.

EE.UU. va para cuatro semanas con el Gobierno federal semi cerrado por falta de acuerdo presupuestario entre el Congreso y el mandatario.

Venezuela toda está paralizada hace años porque esos mismos poderes públicos se anulan entre sí y, desde el 10 de enero, hay dos gobiernos: uno electo y otro impuesto, cada uno con su respectiva corte suprema y fiscal general (adentro y en el exilio), mientras millones huyen del hambre, la hiperinflación, los apagones y la narco-inseguridad.

Lo que varía entre EE.UU. y Venezuela es la proporción geográfica y, claro, el peso de las instituciones y el tiempo: en Caracas el caudillismo arrancó hace exactamente 20 años, en febrero de 1999. Y en Washington, hace dos, en enero de 2017.

Entre las dos situaciones, un país se ubica literalmente en el medio: México.

Según la "lógica" de Trump, la parálisis obedece a que la oposición demócrata -y muchos republicanos- han descuidado la soberanía y no apoyan su plan de construir un muro en una de las fronteras más violadas del mundo (irónicamente, solicitar una visa para EEUU es un proceso costoso y complicado alrededor del planeta, pero a pie es mucho más fácil entrar).

México es también el nuevo país americano que le está dando aliento al cuestionado régimen de Maduro, además de naciones con economías pequeñas y frágiles como Uruguay, Cuba, Bolivia y Nicaragua. Tal apoyo alimenta los rumores de la ayuda que López Obrador habría recibido de Caracas para sus campañas en 2006, 2012 y 2018.

Con apenas un mes en el poder, la escasez de gasolina que padecen los mexicanos es otro titular calcado de Caracas 2002, cuando Chávez "recortaba" sueldos, proclamaba austeridad y comenzaba la destrucción de PDVSA, alegando el "rescate" de una "empresa elitista" que pasaría a ser "de todos". Entre sus excusas incluyó el contrabando a Colombia de la baratísima gasolina venezolana. López Obrador también habla de combatir las reventas ilegales.

México y Venezuela fueron y podrían volver a ser naciones prósperas, por la privilegiada abundancia de recursos y riqueza histórica.

El primero fue un imperio pre/post colonial y el segundo lideró la independencia de media Suramérica y llegó a ser la cuarta economía más grande en el mundo post segunda guerra mundial, mientras recibía inmigrantes a granel.

Pero hoy la realidad de ambos es de impunidad, emigración, inequidad y corrupción. Sus políticos han sido un Robin Hood a la inversa, robando a los pobres para darle a los privilegiados de su entorno.

2019 es, en inglés, el último año adolescente ("teen") de este siglo maltrecho, que ya es hora de que empiece a madurar, máximo siendo un milenio nuevo que no tendría excusas para seguir en este retroceso frívolo y mercenario.

(Las Tribunas expresan la opinión de los autores, sin que EFE comparta necesariamente sus puntos de vista)