18 jul.- ¿Cuántos somos los venezolanos? ¿Cuántos vivimos fuera y dentro del país formando esta gran avenida llamada Venezuela? Son preguntas básicas para la planificación social y económica que no tienen respuesta confiable desde hace rato.

Investigaciones serias han alertado sobre un "inusual" crecimiento de la población venezolana en los últimos años, que se observa sobre todo en el padrón electoral, controlado por el gobierno. Particularmente hablan de desproporción desde el año 2004, cuando se intentó destronar a Hugo Chávez vía referéndum, convocado un año después de la fecha constitucional prevista (2003) y que significó además el paso de elecciones manuales a computarizadas...

Una década después, el ingeniero y abogado Alfredo Weil, fundador de la ONG Estada, denunció que en el registro electoral venezolano había una presencia desproporcionada de dos millones de votantes que no se correspondían con el crecimiento de la población, y que bien podrían ser extranjeros o simplemente fantasmas que sufragan...

"Los análisis que hemos hecho sistemáticamente desde 2004 nos dan indicios suficientes para pensar que todas esas anomalías no son producto del azar, sino de una inteligencia informática y de modelación de alto nivel con asesoría cubana", denunció Weil en 2013 tras las presidenciales que la oposición perdió por apenas 1,49 %, según el ente comicial controlado por el régimen.

Desde entonces habría que agregar las denuncias hechas por diplomáticos sobre la venta de ciudadanía venezolana a nacionales árabes y chinos, aún sin haber estado jamás en el país ni hablar español.

"Es muy, muy fácil hacerse venezolano o incluso inventarse haber nacido en Venezuela", declaró a CNN en febrero de este año Marco Ferreira, ex general de la Guardia Nacional de Venezuela.

Pero ya antes esos pasaportes eran cotizados porque fuimos uno de los primeros países latinoamericanos eximidos de visa para viajar a la Unión Europea, cuando el exilio venezolano era impensable.

En la década que corre, nuestra inmigración ha sido masiva e inocultable, sobre todo entre jóvenes y profesionales. Pero tampoco está numéricamente registrada.

Tras medio siglo acogiendo inmigrantes, hoy más de un millón de venezolanos poseen pasaporte europeo, por lo que en las naciones a donde llegan no son contados como extranjeros; y muchos se han naturalizado en Estados Unidos, Canadá y otras naciones americanas, usando diferentes vías legales. Para complicar aún más el registro, Hugo Chávez cerró "por castigo" en 2012 el consulado en Florida, tradicionalmente la zona con mayor población viviendo fuera del país.

Así, el fenómeno es altamente complejo y mientras no haya una institución seria y transparente que organice un censo y un registro comicial confiable, seguiremos despertando los lunes post electorales desafiando a las matemáticas y preguntándonos quiénes son los que no votan, dónde están esos millones de abstencionistas que "aparecen y desaparecen" y, sobre todo, por qué cuando la oposición convoca a un proceso en su momento de mayor aprobación, los números terminan siendo "menores", a pesar de observar largas filas y participación al tope.

Las sorpresas electorales se dan y existen en cualquier parte, incluyendo el año pasado en naciones tan disímiles como Reino Unido, Perú, Colombia y EEUU. Pero en Venezuela es una tras otra desde hace rato.

¿No será entonces que somos menos de los que nos han hecho creer? O será que simplemente estamos mal contados. Quizá suene paranoico, pero tras 18 años de desinstitucionalización sistemática, todo es posible.

Cuando las cosas no cuadran y retan la lógica, lo ideal es ir a la raíz. Los análisis políticos son capaces de justificar cualquier cosa y una dictadura puede destruir todo, pero las matemáticas tienen sus propias leyes universales. Quizá sea hora de rescatarlas.

(Las Tribunas expresan la opinión de los autores, sin que EFE comparta necesariamente sus puntos de vista)