11 mar.- Yo, la peor de todas.

Ese día decidió escapar a toda tutela, escapar de la prisión que la encerraba dictándole el qué hacer, el cómo vestirse, el cómo adornarse, el cómo ordenarse para dictarle el cómo pensar, el qué expresar.

Los caminos no existían para ella, sí los senderos, y por ellos transitó, transitó de la mano de otras como ella, de aquellas pioneras que se atrevieron a escapar de los prejuicios, de la regla establecida sabiendo que como al comienzo arriesgaban cárcel, repudio, velo de silencio cayendo sobre ellas.

Salió alimentada por los senos, fuente de vida, alimento del alma, obra maestra manchada por la mirada de los bajos deseos de los dominadores, justificación de crímenes contra la vida, contra el alma. Ellos, primer alimento de la humanidad, ellos quienes al igual que ella tuvieron que esconderse para evitar ser violados, ellos, que al igual que ella, los utilizaron para ser vitrina de mercadeo ofrecida para satisfacción de los detentores del poder.

Levantó cabeza, y la decapitaron

levantó el puño, y se lo cercenaron

regó con su sangre el blanco lienzo

y trazo a trazo fue dando vida

Las instituciones le abrieron sus puertas para encerrarla, la acogieron para maniatarla, la alabaron para someterla, le impusieron el orden establecido, sacrosanta pirámide reproducida en una hoguera en Bib-Rambla en Granada, en Bebelplatz en Berlín, en las avenidas de Chile, en los mullidos sillones que le impedían levantarse, la rodearon de pendones que ahogaron su grito libertario.

Ellas, las que avanzan, ellas las que exigen, ellas eran yo, la insumisa, yo, la peor de todas, yo, la palabra.

(Las Tribunas expresan la opinión de los autores, sin que EFE comparta necesariamente sus puntos de vista)