18 dic.- Hoy el mundo avanza también en otra ruta, aquella de un cambio climático que nos conduce a la destrucción. Y ¿qué tiene esto que ver con la ruta de la seda?, se preguntará el lector. El enlace está en que la inversión china no es ciega, no se trata solamente de los puertos, de la infraestructura de carreteras, de préstamos para garantizar la explotación de los bienes que necesita, se trata de prever y asegurar el futuro cuando en el futuro se pase hambre, y para esa inversión estratégica también se están preparando: empresas chinas han adquirido decenas de lecherías en Nueva Zelanda, otra compró, en los Estados Unidos, un fabricante de salchichas: Smithfield Foods; ¡qué más inocente que una salchicha!, aquella que ponemos en nuestros hot dogs, aquella que permitirá al comerciante chino penetrar el campo ganadero de los Estados Unidos por medio de una no ya tan inocente salchicha.

O quizás la adquisición de la fábrica de salchichas se hizo pensando en el pan que la acompaña y en rentabilizar la compra, en Francia, de trigales y de una cadena de panaderías para a su vez garantizar la venta y distribución del trigo, puesto que de todos es sabido, no solo de pan vive el hombre, pero sin él no se vive. Y una baguete acompañada de un vaso de vino procedente de los viñedos comprados en Francia es manjar de dioses.

Por supuesto son ejemplos parciales que no dan cuenta de las inversiones en África, en Brasil, en Chile, en el sudeste asiático, Vietnam, Laos y Camboya para asegurar una rotación de las cosechas en el tiempo. En el rubro agrícola, China ya ha invertido sobre 100.000 millones de dólares en todo el mundo. Tampoco dan cuenta de la adquisición de terrenos ganaderos en Australia con 185.000 cabezas de ganado en un solo rancho, país donde hace dos años ya China poseía un total de 2.5 % de las tierras agrícolas.

La última ramificación de esta ruta de la seda es la de las comunicaciones que propone diversificar la dependencia existente en las vías de comunicación y ofrecer una nueva vía de penetración, esta vez tecnológica y cultural.

Por ejemplo, en el 2017 el gigante chino de las telecomunicaciones, Huawei, realizó un estudio de viabilidad de un proyecto de cable submarino que una Asia con Latinoamérica y en estos momentos Chile está realizando otro estudio de factibilidad, características y rentabilidad el que se finalizará en el 2019. En ese momento se decidirá entre los socios interesados: China o Japón, quién desarrollará el proyecto. Los servicios prestados se extenderían de Chile a Argentina y Brasil en una primera etapa.

En el 2018, y considerando la creciente inversión en Latinoamérica que en los últimos diez años alcanzó los 250.000 millones de dólares y en los próximos años se proyecta alcanzará los 500.000 millones, la universidad de Estudios Internacionales de Shanghái firmó un convenio con la Real Academia de la Lengua, RAE, para impulsar la enseñanza del español en colegios y universidades, una forma en que la nueva ruta de la seda ha integrado la cultura a sus planes.

Cierto, la lengua franca del comercio sigue siendo el inglés, pero hablar el idioma del país o continente con el que se comercia facilita el establecer un clima de confianza al permitir entender mejor la idiosincrasia del nuevo socio.

Pero como no todo es infraestructura, materias primas, créditos y comunicaciones.

Esta nueva ruta de la seda en un mundo globalizado no se limita a los elementos económicos y de infraestructura ya mencionados. Sería menospreciar la inteligencia con que ha sido trazada, ¡Marco!... ¡Polo!

Este nuevo orden económico requiere de la mente humana, de crear y fortalecer una elite, lo que nos trae a la memoria un ejemplo de la historia reciente. Hace algunos años, entre 1957 y 1970, la Universidad Católica de Chile envió cerca de 100 alumnos en un programa de intercambio a la escuela de negocios de la universidad de Chicago. El resultado fue la implementación de la doctrina económica ultraliberal de Milton Friedman en Latinoamérica por los llamados Chicago boys. Su influencia fue notable en diferentes gobiernos, incluyendo el del dictador Pinochet, llegando incluso hasta nuestros días. Hoy, dos hombres fuertes en el futuro Gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil, el ministro de Economía, Paulo Guedes, y Roberto Campos Neto quien dirigirá el Banco Central, son Chicago boys, ambos admiradores de la política proteccionista de Donald Trump.

Y si lo traemos a colación es para recordar los efectos nefastos que puede tener un programa de intercambio como el mencionado. De hecho, el 6 de diciembre de este año se firmó en Chile un convenio entre el grupo económico Luksic y una de las más conocidas universidades de China, la universidad Tsinghua, de la cual se graduó el actual presidente de China, para abrir un centro para América Latina, el cuarto a nivel mundial. El proyecto comenzó en el 2007 con un convenio de intercambio entre la Escuela de Economía de dicha universidad y la Universidad Católica. En algo más de diez años, más de 200 alumnos y 25 profesores han cursado estudios en China e igual número de estudiantes y profesores chinos han viajado a Chile. Si estudiamos el pasado reciente con los Chicago boys podemos proyectar la influencia de este "centro del más alto nivel destinado a impulsar el talento chileno, latinoamericano y chino en un mundo cada vez más conectado y desafiante" como dijera Andrónico Luksic al firmar el convenio.

Para mejor visualizar el reordenamiento económico, les pido imaginen un globo terráqueo y en él dibujen la ruta de la seda. Verán cómo se extiende formando una tenaza que abraza al mundo entero. Añadan ahora a ese cuadro la primera potencia, Estados Unidos, y se darán cuenta de cómo, empujada por la política proteccionista y de barreras impuestas por el actual gobierno, aparece cada vez más y más aislada.

Por un lado, tenemos el diseño de una nueva estrategia económica a nivel mundial, una ruta que expande una economía abierta que se maneja con guantes de seda, por el otro, una economía cerrada, que se repliega, y es manejada con los ásperos guantes de box del matón del barrio.

Y tanto una como la otra está profundizando la desigualdad existente.

¡Marco!... ¡Polo!

(Las Tribunas expresan la opinión de los autores, sin que EFE comparta necesariamente sus puntos de vista)