15 abr.- Pocos infiernos son tan democráticos como el actual transporte público en Nueva York.

Pocas cosas son más insoportables que un chico caprichoso y malcriado. Peor cuando ese "niño" tiene casi 73 años de edad, preside una de las economías y ejércitos más desarrollados del mundo y la suerte parece acompañarle sin límites, en una versión maligna de la caricatura Mr. Magoo o la novela "Being There" de Kosiñski.

Aquí, más que "suerte", torpeza del enemigo. En 2016, los Demócratas dejaron escapar una presidencia que lucía cantada. Dos de los líderes mejor posicionados del partido -Obama y Sanders- cavaron una de las más humillantes derrotas, frente al candidato más ofensivo, incongruente e ignorante de la historia. Y la militancia los sigue venerando. Obviamente no han entendido nada, ocupados como están en subir fotos a las redes sociales.

Tres años después, el contraataque es una comparsa de precandidatos que parten de una premisa equivocada: democracia no es abultar una precampaña costosa y larga, que apunta más al ego que a la realidad. La gran mayoría de ellos no tiene ningún chance y lo saben bien, pero aún insistirán en atacarse, pedir dinero al electorado y... fortalecer al narciso mandatario.

Faltan más por lanzarse. El más desubicado de todos sería el alcalde de Nueva York, el segundo puesto de elección más importante en EEUU tras la Casa Blanca.

Bill de Blasio (cuyo nombre era el muy alemán Warren Wilhelm Jr) es un ejemplo de cómo se puede hacerlo mal cuando se tiene todo a favor. Y el gobernador Andrew Cuomo no le corre muy lejos.

En Nueva York -estado y ciudad- los demócratas ejercen un poder absoluto desde al menos 2014, reforzado con su "tolerante" retórica anti Trump, que no deja lugar a los republicanos, incluso si aparece alguien decente y cuerdo.

¿El resultado? Menos democracia federal y regional.

Usando etiquetas vacías y manipuladoras, hablando de "diversidad" y prometiendo "libertad", han convertido a Nueva York en una anarquía, llena de basura e impagable para el 41 % de sus habitantes, según las últimas encuestas. Es la urbe "bohemia" más despiadadamente usurera del planeta, carísima y con una calidad de vida en franco descenso. La "ciudad que nunca duerme", quizá de tantas deudas por pagar.

El Metro la resume bien, al garantizar una experiencia de Halloween todo el año, entre ratas, robos, suicidios, excrementos, indigencia, mamíferos sueltos (perros, gatos, mapaches), gritos, golpes, manoseos y hasta abuso sexual.

El senador estatal James Skoufis, aún siendo demócrata, reconoció que es "el sistema de tránsito más sucio, menos confiable, más lento y más costoso del mundo". Y ya la tarifa subirá de precio, otra vez.

Arriba, en la calle, no gerencian mejor. De Blasio recién amenazó a un museo porque rentó sus espacios para una gala con "el peligroso" presidente brasileño Bolsonaro, aliado de Trump. Es el mismo alcalde que en septiembre homenajeó al dictador cubano Díaz-Canel, isla donde además pasó su luna de miel, bronceándose entre violaciones a los derechos humanos.

Es la eterna hipocresía de la izquierda que defiende a Assange y critica a Trump, si bien un abusador llevó al otro.

Tal es la carta de presentación de los demócratas que dominan Nueva York y con la que pretenden derrotar la anti ética y los conflictos de poder en Washington, con una torpeza que hasta sospechosa luce.

Cual Chávez, dicen que Trump, convencido de su reelección, se vengará de quienes le intentaron dar "un golpe de estado" al investigar sus nexos con Rusia; pero no hablan de la "ayudita" que le dio Assange al violar mensajes confidenciales de Clinton como secretaria de Estado y candidata.

Son todas avenidas que llevan a la misma decadencia y mediocridad, mientras Putin y los chinos se ríen de esos gansos×.

×Ganso/a: Persona perezosa, descuidada / malcriada, torpe, incapaz / que presume de chistosa y aguda, sin serlo (RAE).

(Las Tribunas expresan la opinión de los autores, sin que EFE comparta necesariamente sus puntos de vista)