EFEUSANueva York

El jazz estadounidense y la música de raíces afrocubanas retoman la conversación, iniciada hace cinco décadas, gracias al nuevo escenario político y al disco "Cuba: The Conversation Continues", del pianista Arturo O'Farrill y su Afro Latin Jazz Orchestra, que sale hoy al mercado.

En "Cuba: The Conversation Continues, O'Farrill contesta su interrogante de "cómo la música hubiera sonado si Pozo y Gilesepie (y nosotros) hubiésemos continuado hablando".

En este proyecto, según O'Farrill, el trompetista y cantante estadounidense Dizzy Gillespie y el percusionista y compositor cubano Chano Pozo, que se conocieron y comenzaron a trabajar juntos en la década de 1940 en Nueva York, "retoman" la experimentación con el jazz y los cadenciosos ritmos afrocubanos "y descubren que tienen las mismas raíces".

"Están conversando, experimentando, están gozando, se están entendiendo y aprendiendo que la música que tocan no son dos, y viene bien fuerte de lo afrolatino, que está en México, Perú, Colombia, en toda América Latina", dijo el músico de jazz latino en entrevista con Efe, y destaca que el jazz y la música cubana fueron separados con el triunfo de la revolución en la isla caribeña.

El doble disco fue grabado en Cuba, a donde O'Farrill y la Afro Latin Orchestra viajan con frecuencia y donde precisamente participaban el año pasado en el Festival de Jazz de La Habana cuando se anunció el deshielo en las relaciones con EE.UU..

Ensayaban cuando el presidente cubano Raúl Castro informó de un "nuevo día" con el reinicio de las relaciones entre ambos países, recordó.

"Algunos celebraban, otros bailaban o lloraban allí y afuera" del lugar donde ensayaban, dijo el también compositor y arreglista, hijo del trompetista, compositor y director de orquesta cubano Chico O'Farrill, que se destacó en el mundo del jazz.

Lamentó que su padre, que murió en 2001 en Nueva York, donde residía y sin que regresara a Cuba tras la revolución, no haya vivido ese momento.

"Cuando estuve solo en mi habitación lloré. Mi papá hubiese sido muy feliz. Lástima que no vivió este momento pero, sé que en algún lugar está Chico con una sonrisa", señaló y aseguró que ese viaje, "fue una experiencia muy emocional para mí, un día que había esperado por años".

Con este nuevo escenario, agregó, se retoma la conversación entre el jazz y la música afrocubana, "pero esta conversación tiene una implicación mucho más grande. Es la conversación de la cultura, a la que muchas veces, en este país, el latino no está invitado".

"Esa mesa es sólo para una elite, las instituciones que tienen los fondos, y eso no es válido. Los latinos tenemos fuerte música clásica, de jazz, de pop, de todo, pero no estamos invitados y hay que empezar a entender que debemos tener un lugar en esa mesa", señaló.

No es la primera vez que O'Farrill acerca a Cuba y EE.UU con sus proyectos, pero asegura que "Cuba: The Conversation Continues" es su disco más personal, grabado tras el anuncio del deshielo, y el más progresivo.

"Dizzy Gillespie señaló en una ocasión que la música del futuro no sería jazz ni afrocubana, sino música universal", y por ello este en este proyecto, agregó, se entremezclan el jazz con ritmos cubanos como el guaguancó, el changüi, la guajira o el bolero, el festejo peruano (danza de raíces africanas), o el soca (derivado del calipso) de Trinidad y Tobago, y ritmos de Mozambique, entre otros.

El disco sale al mercado luego de "The Offense of The Drum", que le reportó este año un Grammy como el Mejor Álbum de Jazz, premio que también logró en 2009 con "Song for Chico", dedicada a su progenitor.

O'Farrill compuso cuatro temas, entre ellos el bolero "Adagio" con el que rinde tributo a su padre "autor de muchos boleros", y reclutó para el resto a seis estadounidenses y cuatro de los más importantes compositores cubanos, entre ellos Bobby Carcassés "una de las leyendas del jazz en Cuba" y Cotó, uno de los treseros más importantes, quienes también cantaron sus composiciones en el álbum.

Asegura que llevar a cabo un proyecto tan ambicioso como éste no fue fácil ya que en él participaron un total de 75 personas, entre ellas 24 músicos de ambos países y 21 productores.

"Este disco es una celebración muy profunda de mi vida espiritual, de mi vida como artista y de un momento muy importante en la historia", afirmó.