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El periodista y cineasta madrileño Guillermo Fesser rinde en "Marcelo" (Contraluz) un emotivo homenaje a los emigrantes hispanos en Estados Unidos, personificado en la figura de Marcelo Hernández, barman del Oyster Bar de Grand Central Terminal de Nueva York.

Como ha explicado este jueves en Madrid en la presentación del libro, Marcelo lleva 55 años “iluminando a una variopinta galería de personajes que saben de su carisma y buen hacer más allá de su habilidad preparando cócteles”, y en el libro ha recogido su niñez en Ecuador, su llegada al nuevo país o la dureza de los primeros años.

La obra sumerge al lector en el Manhattan de las últimas décadas hasta la actualidad cuando el destino del barman se cruza, por un lado, con el de Dylan, un "millennial" arrogante y adicto a las redes sociales que se verá obligado a aprender el oficio y, por otro, con la posibilidad de recuperar un amor perdido.

Fesser ha querido retratar no solo el paisaje sino también “un paisanaje de lo más variado”, por lo que por las páginas “desfila gente de muchas formas y colores, con muchos acentos e historias dentro” y, frente a todos ellos, “Marcelo como magistral director de orquesta”.

“Su objetivo es que haya armonía y eso pasa en gran medida por hacer sentir a cada uno de los que están que son, para él, la persona más interesante del planeta”, explica el autor.

Fesser ha decidido añadir ficción a la historia de Marcelo inventando el personaje de Dylan, la figura del "millennial" “que me ha servido para reconciliarme con esa generación a la cual los de mi edad tendemos a percibirla como demasiado interesada en ella misma”.

El autor conoció a Marcelo cuando preparaba su libro "A cien millas de Manhattan", y un amigo le avisó de que si no probaba el sándwich de ostras fritas que preparan en el Oyster Bar no tendría una verdadera idea de lo que es Nueva York.

Le pareció entrañable y volvió algunas veces más, y en una de esas visitas su esposa, Sarah, le animó a escribir algo sobre el barman ecuatoriano.

Afincado desde hace dos décadas en Rhinebeck, en el estado de Nueva York, Fesser cree necesario recordar el papel clave de los emigrantes hispanos en la historia de Estados Unidos a los que considera el verdadero motor de la economía de este país. “Son los que están en las cocinas de los restaurantes, los que están recogiendo los campos de cultivo, los que trabajan en los mataderos de carne, los que están construyendo casas, tapias y patios”.

Unas personas que “están por todas partes, pero cuando aparecen en la conversación lo hacen como figuras de serie B”, y explica que "apetece que tu hija sepa español porque va a conseguir un mejor puesto pero ya no tanto que se relacione con un hispano y eso acabe en boda”.