EFEUSANueva York

El disco "Turning Pages", que le valió a la cantante de jazz chilena Claudia Acuña su primera nominación a un Grammy Latino, que se conocen mañana, nace tras un momento difícil en su vida y marca un antes y después para la artista, que asegura, ha resurgido como el ave fénix.

"Turning Pages" (Pasando página) es su quinto álbum y el primero en diez años de producción independiente, en que debuta como compositora, con la mayoría de temas en español, lo opuesto a lo que había ocurrido con sus otros proyectos, por lo que dice haberse sorprendido cuando supo que estaba en la lista de candidatos y de ser la única mujer en la categoría de Mejor Álbum de Jazz.

"Pensé que era una broma, después de estar en sellos grandes que tienen mucho más acceso, nunca había tenido la posibilidad de haber estado nominada a nada", dijo Acuña, que recordó que el disco "fue sacado a pulso y contando las monedas" pero "con mucho cariño y apoyo".

Acuña, radicada en Nueva York y que asegura estar nerviosa ante la cercana fecha del Grammy, recuerda haberse enterado por un amigo que desde Chile le envió una foto con la lista de los nominados con su nombre en primer lugar.

"Fue una emoción bien grande", sobre todo tras haberlo hecho de forma independiente, "una alegría inmensa, ya me siento ganadora" por estar "ante los ojos y oídos" de los miembros de la Academia Latina de la Grabación y de quienes les siguen porque brinda la posibilidad de que mucha gente que no tiene la idea de quién es Claudia Acuña la conozcan, señala.

También es una oportunidad para que ese público mire hacia una generación de músicos latinos exponentes del jazz que, como ella, están llevando a ese género las raíces de donde proceden, como los saxofonistas puertorriqueños David Sánchez y Miguel Zenón o el pianista panameño Danilo Pérez.

Un disco, producido por el guitarrista colombiano Juancho Herrera y en el que se acompaña por otros músicos de jazz de la ciudad, en el que dice desnuda su alma como compositora, pero sobre todo un proyecto que marca un "antes y después" para Acuña como intérprete, madre y mujer.

Es un álbum que como dice el título, pasa página en su vida para dejar atrás "las cenizas, las penas, las cicatrices, las heridas, las lecciones".

De esa experiencia, afirma, "salgo con nuevas plumas como el ave fénix y las lecciones pasan a ser eso, grandes lecciones, las heridas se sanan y con nuevas alas, nuevos colores y alientos, más experiencia, madurez, y seguridad sale Claudia sin pedir permiso, haciendo honor a la mujer que soy hoy, a la madre, la amiga, a la hija, la músico, la emprendedora".

Acuña, a quien las críticas consideran una de las mejores voces en la escena del jazz de Nueva York, afirma que "Turning Pages" compensa la espera de diez años sin grabar.

La intérprete, que llegó a Nueva York en 1995 con visado de turista y luego vivió un año como indocumentada, recuerda que no fue fácil abrirse camino en una ciudad que desconocía así como el idioma pero, afirma, "es uno de esos lugares en que tu esfuerzo y dedicación paga".

"Yo vine de Chile, nunca había estado en otro país, joven, un poco inconsciente y esa parte buena de la locura de ganas de aprender. Lo que estaba pasando acá era tan excitante que todo lo veía como una oportunidad y cuando uno tiene ganas, los obstáculos pasan a ser una lección", indicó.

"Soy tímida pero la ganas eran más grandes que mi timidez, que el miedo, que el cansancio, y tuve buenos consejos y mentores, siempre guiando y apoyando", señala quien a finales de los 90 fue firmada por Verve, una de las más prestigiosas compañías discográficas de jazz en el mundo.

En 2008 cambió a Marsalis Music, del saxofonista Branford Marsalis (hermano de Wynton), con el que grabó su cuarto álbum "Color de un sueño", en el que fusionó música de los chilenos Víctor Jara y Violeta Parra con jazz porque para ella, dice, es importante dar a conocer de dónde viene.