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Los luchadores de plástico que marcaron la niñez de varias generaciones son el "único muñeco 100 % mexicano" conservado en el Museo del Juguete Antiguo de Ciudad de México, cuya colección se considera una de las más grandes del mundo, señaló a Efe su dueño, Roberto Shimizu.

"En México fue que se les ocurrió reproducir el ring y los luchadores en plástico", explicó Shimizu sobre estos pequeños muñecos que se hicieron famosos a mediados del siglo XX, cuando la lucha libre se consolidó en ese país.

El emblemático luchador profesional mexicano "El Santo" (1917-1984), reconocible por su máscara plateada, sirvió de patrón para la elaboración de muñecos sobre distintos luchadores mexicanos aparecidos en la escena internacional.

Actualmente, los muñecos de estos "justicieros enmascarados" corren peligro de desaparecer ante el empuje de empresas de lucha libre que han iniciado su propia industria juguetera con sus propios moldes que son más fieles y tienen mejor calidad.

El Museo del Juguete Antiguo, considerado "testimonio y patrimonio cultural e histórico" de la memoria colectiva de México, aviva la ilusión en sus cuatro pisos con una cantidad ingente de juguetes que ahora permanecen en desuso por la falta de materiales y de mercadotecnia.

El desarrollo industrial del siglo XX provocó una transformación de los juguetes, que pasaron de ser productos de línea a simples artesanías, aunque no son "netamente mexicanos" porque han sido adoptados de otras culturas, añadió Shimizu.

"El balero, la lotería y el trompo son juguetes adoptados de otras culturas que hoy se compran por lástima para ayudar a la economía de los pueblos; ya no son juguetes, son artesanías", confesó.

La artesanía juguetera mexicana no se adaptó y fue la que más sufrió ante el desarrollo industrial, que tuvo graves consecuencias que impidieron su evolución y dieron paso a la decadencia o la extinción, como es el caso de la muñeca de marca Lili Ledy.

Lili Ledy alcanzó el éxito con su primera versión en 1967 y terminó su producción ante la "agresiva" apertura del mercado nacional y la llegada de la muñeca más famosa del mundo, "Barbie", que marcó el fin de la industria manufacturera nacional.

"Históricamente podríamos decir que en los juguetes la igualdad de género es una cosa difícil; el hogar es tan importante como el trabajo y los juguetes están hechos para hombres todavía", acusó.

Entre yates, coches, relojes y aviones, los hombres tienen una variedad para elegir, sin embargo las mujeres tienen actividades "muy marcadas" como la cocina, el aseo y la maternidad.

"Faltan juguetes de mujer, pero prácticamente de lo que había en esa década está todo en el Museo", en el que podemos ver también la evolución de la moda en expresiones corporales, cabello largo, tatuajes, estoperoles y la mezclilla.

Los 45.000 juguetes populares y artesanales exhibidos en las seis salas del recinto ya no generan tanto interés en los niños, que hoy optan por la tecnología y no por la "creatividad" e "ilusión", bases de un juguete.

"Debe cumplir con hacer felices a los niños, darles alegrías y enseñarles reglas básicas, el mejor vehículo para una convivencia social infantil", destacó Shimizu, quien confesó que el patín del diablo (patinete) es su juguete favorito puesto que haces ejercicio y te diviertes.

El Museo del Juguete Antiguo de México está por cumplir una década siendo una oportunidad para aprender historia y divertirse viendo luchadores, robots, trenes, muñecas y personajes exhibidos en muebles con mucho estilo para remover los recuerdos de la infancia.