EFE NewsWashington

Policías, periodistas, soldados, ciudadanos sin techo y un mar de banderas reemplazaron a los ciudadanos en las calles desiertas de Washington para la ceremonia de investidura de Joe Biden como presidente número 46 de Estados Unidos.

La puesta en escena de la toma de posesión de 2020 pasará a la historia por lo inaudito.

La pandemia de la covid-19, que ha dejado ya más de 400.000 fallecidos en EE.UU., y los temores a choques violentos tras el asalto al Capitolio, que dejó 5 muertos, el pasado 6 de enero por parte de una turba de seguidores del ya expresidente Donald Trump han provocado imágenes nunca vistas en la historia reciente.

MILITARES EN LAS CALLES

El centro de la capital estadounidense está totalmente militarizado con más de 20.000 efectivos de la Guardia Nacional desplegados desde hace días, con las principales avenidas bloqueadas y valladas, y salpicadas por continuos controles de seguridad.

La revisión por parte de los guardias era exhaustiva: exigían retirar hasta el abrigo para revisar sus bolsillos exteriores e interiores.

En la Explanada Nacional, corazón simbólico del país, con el Capitolio en un lado y el monumento de George Washington a otro, y donde normalmente se congregarían cientos de miles de ciudadanos para seguir la ceremonia y escuchar las primeras palabras del presidente, ni una sola persona.

El asombroso silencio era apenas roto por el ondear de miles de pequeñas banderas de Estados Unidos en homenaje a los fallecidos por la pandemia.

MAR DE BANDERAS

Este año tampoco habrá el desfile desde el Capitolio a la Casa Blanca, ni las tradicionales y opulentas fiestas ofrecidas en honor del nuevo presidente.

En su lugar, una ceremonia pensada por y para la televisión.

El ambiente en las calles es sombrío, y totalmente alejado de la emoción que suele caracterizar el optimismo de los primeros días de un nuevo inquilino en la dirección postal más famosa de Washington: 1600 de Pensilvania Avenue.

Las dos únicas categorías de personas que transitan las calles de la ciudad en este miércoles histórico de viento frío son los soldados y los periodistas.

Y junto a ellos los ciudadanos sintecho.

"¿Qué quieres que te diga? Que jodan a Trump, eso sí. ¿Tienes algo de cambio?", explica Jeffrey, uno de ellos, al ser preguntado por la jornada y a apenas dos cuadras de la Casa Blanca.

UNA AUSENCIA

Pero tampoco el mandatario saliente estaba en la ciudad.

Trump abandonó la Casa Blanca horas antes y rompió así la tradición de asistir a la ceremonia de posesión de su sucesor.

La última vez que ocurrió una ausencia de estas fue en 1869 cuando Andrew Johnson no acudió al acto de inauguración de Ulysses Grant.

Pese a lo histórico de la jornada, o quizá por ello, Trump prefirió disfrutar por última vez del avión presidencial y viajó a Palm Beach (Florida), donde está su club privado Mar-a-Lago y pasará sus primeros días fuera de la presidencia.