EFEWashington

Estados Unidos condenó este lunes el golpe de Estado en Burkina Faso y urgió a regresar al orden constitucional en el país, además de advertir que revisará su ayuda exterior a la nación si la situación no se calma pronto.

El portavoz del Departamento de Estado estadounidense, Ned Price, condenó en un comunicado la toma del poder de los militares y la detención del presidente del país, Roch Kaboré, que tildó de "profundamente preocupante".

"Pedimos a los responsables que rebajen las tensiones, eviten cualquier daño al presidente Kaboré y a cualquier otro miembro detenido de su Gobierno, y que vuelvan a un Gobierno liderado por civiles y al orden constitucional", indicó Price.

Washington reconoce que la sociedad burkinesa y sus fuerzas de seguridad están bajo un "estrés tremendo" debido a los ataques del Estado Islámico (EI) y el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM, por sus siglas en árabe), afirmó el portavoz.

No obstante, el Departamento de Estado urge a los miembros de las fuerzas armadas del país a "dar un paso atrás, volver a sus barracones y hacer frente a sus preocupaciones a través del diálogo", añadió.

"Estados Unidos está supervisando de cerca esta situación cambiante, y pedimos contención de todos los implicados a medida que revisamos con cuidado lo que está pasando sobre el terreno por si pudiera tener algún impacto en nuestra asistencia", concluyó.

Los militares que iniciaron el domingo un golpe de Estado confirmaron este lunes en la televisión estatal la toma del poder y anunciaron la disolución del Gobierno y el Parlamento.

En dos comunicados leídos por un portavoz, el capitán Sidsoré Kader Ouédraogo, los golpistas anunciaron que han puesto fin al mandato del presidente Kaboré, quien gobernaba este país de África occidental desde 2015.

Los golpistas anunciaron también la suspensión de la Constitución, el cierre de fronteras aéreas y terrestres y la instauración de un toque de queda desde las 21.00 hasta las 05.00 hora local en todo el territorio nacional "hasta nueva orden".

Igualmente, aseguraron que la toma del poder se llevó a cabo "sin derramamiento de sangre y sin ningún tipo de violencia física sobre las personas detenidas, que se encuentran en un lugar seguro y respetando su dignidad".

Los militares se comprometieron a proponer, "dentro de un plazo razonable, previa consulta con las fuerzas vivas de la nación, un calendario para el retorno al orden constitucional".