EFE NewsNueva York

Al final, el dinero no lo es todo. El exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg puso fin este miércoles a su multimillonaria campaña presidencial tras estrellarse a la primera, en un supermartes en el que había puesto todas sus fichas.

La apuesta, de más de 500 millones de dólares, fracasó de manera estrepitosa y Bloomberg, que durante unos meses bombardeó con una publicidad incesante a los estadounidenses, se va de la carrera sin ganar un solo estado y con apenas un puñado de delegados.

Su única victoria fue en los caucus de la Samoa Estadounidense, territorio del Pacífico con menos de 60.000 habitantes y que no tiene representación en el Congreso.

"Hace tres meses, entré en la carrera presidencial para derrotar a Donald Trump. Hoy, dejo la carrera por la misma razón; para derrotar a Donald Trump", dijo Bloomberg en el comunicado con el que dio a conocer su decisión.

El magnate de 78 años anunció su respaldo al exvicepresidente Joe Biden, que se queda en solitario como el candidato moderado en estas primarias y como apuesta del aparato del Partido Demócrata para frenar al izquierdista Bernie Sanders.

UNA CAMPAÑA MUY DIFERENTE

Con la despedida de Bloomberg se termina una de las campañas presidenciales más diferentes que se recuerdan en Estados Unidos, un esfuerzo electoral alimentado casi desde cero por la inmensa fortuna personal del empresario, una de las diez personas más ricas del mundo, con un patrimonio que roza los 60.000 millones de dólares, según Forbes.

Tras mucho tiempo acallando rumores sobre una posible candidatura, Bloomberg decidió finalmente dar el salto el pasado noviembre, cuando la mayoría de aspirantes llevaban ya meses e incluso años trabajándose el electorado.

Para entonces, ya era demasiado tarde y no pudo estar en las papeletas en los cuatro primeros estados en juego: Iowa, New Hampshire, Nevada y Carolina del Sur.

Pero a Bloomberg no le importaba demasiado. Su gran apuesta era que se llegase al supermartes con un panorama muy fracturado y, ahí, acumular delegados en lugares como California y Texas para erigirse en la alternativa centrista a Sanders.

La realidad fue muy distinta: a falta de completar el recuento, todo apunta a que en esos dos estados el multimillonario se quedó por debajo de la barrera del 15 % de los votos, el mínimo para obtener delegados.

MILLONES Y MILLONES

Si algo caracterizó a la campaña de Bloomberg fue el dinero. Al contrario que el resto de aspirantes, el empresario decidió no aceptar donaciones y financiarlo todo con su propia fortuna.

No escatimó ni un solo dólar. En apenas un par de meses y a base de talonario el magnate puso en marcha una estructura de campaña superior a la de casi todos sus rivales, abriendo centenares de oficinas en todo el país y contratando a miles de empleados.

Las redes sociales se llenaron rápidamente de mensajes de Bloomberg, que no dudó en pagar a "influencers" para llegar al mayor número posible de internautas.

Su gran apuesta, sin embargo, fue la publicidad tradicional. Se estima que Bloomberg se gastó unos 500 millones de dólares en anuncios, una cantidad sin precedentes que hizo que durante un tiempo fuese casi imposible encender la televisión sin encontrarse con su rostro.

Esa omnipresencia, al final, no se tradujo en votos y una campaña corta de dinero como la de Biden fue capaz de arrasar a Bloomberg en casi todos los lugares donde se votó este supermartes.

Virginia y Carolina del Norte, por ejemplo, ilustran bien el fracaso de esa estrategia.

Según un análisis de la cadena NBC, Bloomberg gastó 18,4 millones de dólares en anuncios en esos dos estados, mientras que Biden apenas desembolsó 450.000 dólares para terminar logrando victorias abrumadoras en ambos.

INCAPAZ DE CONVENCER A LOS DEMÓCRATAS

Desde un principio la campaña de Bloomberg parecía una apuesta con pocas posibilidades de éxito, sobre todo por el giro a la izquierda que muchos votantes demócratas reclamaban.

El multimillonario, un centrista que fue alcalde de Nueva York como republicano y que esperó hasta 2018 para volver a registrarse como demócrata, desembarcó con toda una batería de propuestas progresistas en áreas como las armas, el cambio climático o la inmigración, pero nunca llegó a ganarse la confianza de los votantes.

Especialmente de los afroamericanos, que suponen un grupo clave del electorado demócrata en muchos estados, y de numerosos latinos, que en este ciclo han abrazado la revolución política que promete Sanders.

Esas dos minorías fueron las grandes perjudicadas por el llamado "stop and frisk", una estrategia policial que durante el mandato de Bloomberg dio a los agentes de la Policía de Nueva York enorme autoridad para parar y registrar a cualquier persona sospechosa y que discriminó claramente contra negros e hispanos.

El exalcalde, que defendió esa política durante años, se disculpó públicamente por esas prácticas justo antes de lanzar su candidatura, pero su perdón convenció a poca gente.

LOS DEBATES, LA PUNTILLA

Pese a ello, entre enero y febrero, Bloomberg consiguió avanzar en las encuestas y llegó a situarse como una alternativa clara, aprovechando el aparente retroceso de Biden tras sus fracasos en Iowa y New Hampshire.

Así, el empresario logró acceder por primera vez a un debate a mediados de febrero, un escenario que terminó por ser letal para su candidatura.

Atacado por todas partes, Bloomberg naufragó en directo, incapaz de sobreponerse a las críticas del resto de aspirantes, sobre todo de la senadora Elizabeth Warren, que le golpeó repetidamente por los acuerdos que el magnate cerró en el pasado con mujeres que le acusaban de acoso y comentarios sexistas.

Aunque mejoró algo en su segundo debate, nunca pareció recuperarse a ojos de los votantes y el resurgir de Biden terminó por quitarle todo el espacio de centro.

"Tras los resultados de ayer, la cuenta de delegados se ha hecho virtualmente imposible y ya no hay un camino viable a la nominación", admitió este miércoles al anunciar que tiraba la toalla y que respaldará al exvicepresidente.

Bloomberg confirmó además que mantendrá en marcha su maquinaria para tratar de derrotar a Trump en noviembre, lo que puede ser una inyección fundamental para Biden, primero a la hora de derrotar a Sanders, y después para lograr evitar la reelección del presidente republicano.