EFESan Juan

El drama del COVID-19 no fue suficiente para vencer al amor en Puerto Rico, donde durante los más de 2 meses de confinamiento a causa de la pandemia del coronavirus se otorgaron por encima de 230 licencias de matrimonio.

La directora del Registro Demográfico de Puerto Rico, Wanda Llovet, señaló este viernes a Efe que durante ese periodo de toque de queda y confinamiento, que supuso una fuerte limitación de actividades y movilidad de la población, la agencia pública no dejó de trabajar para hacer realidad los sueños de las parejas que no quisieron esperar para darse el "sí quiero".

"La gente ha sido muy imaginativa y ateniéndose a la normativa que permitía hasta cinco personas en este tipo de actos optó por hacer realidad sus ilusiones", señaló Llovet sobre la petición de licencias de boda, que se pudieron celebrar con la presencia de los dos contrayentes, otros tantos testigos y el maestro de ceremonias.

La primera orden ejecutiva limitando la movilidad de la gobernadora, Wanda Vázquez, que data del pasado el 16 de marzo, no impidió que el Registro Demográfico continuara ofreciendo sus servicios, incluidas las licencias de matrimonio.

La funcionaria explicó que el proceso durante estos meses de confinamiento ha sido muy sencillo para quienes querían casarse, ya que las parejas sólo debían solicitar la licencia de matrimonio por correo electrónico, que la agencia respondía con los requisitos necesarios para hacer posible el enlace.

Llovet destacó que, sin duda, el recurrir a la vía telemática es un avance respecto al sistema anterior en el que era necesario contar con la presencia física de los dos contrayentes para hacer posible el proceso.

"Mantener la actividad del Registro Demográfico era fundamental para enterramientos y nacimientos, pero también para bodas", subraya Llovet, orgullosa de que el trabajo de su agencia haya permitido hacer realidad el sueño de los puertorriqueños que a pesar de las dificultades quisieron continuar sus planes de boda, aunque hubiera que dejar las celebraciones para otro momento.

El trabajo del Registro Demográfico fue fundamental para hacer realidad unas bodas que siguieron adelante a pesar de las dificultades para llevar a cabo actividades antes completamente rutinarias, subraya.

Amarilis Ramos, al frente del Grupo de Servicios Especializados de Psicología e Integrativos (SEPI), señaló a Efe que las personas decidieron llevar a cabo sus planes, lo que demuestra que "el amor no tiene que morir por el proceso del coronavirus".

"No veo en ningún caso incorrecto el que las personas decidieran llevar adelante sus planes en este periodo", subraya la psicóloga, para quien, incluso, el haber mantenido los planes de boda, con lo que eso conllevaba de renunciar a celebraciones, establece un mayor vínculo entre la pareja.

"Prevalece el amor y deja de lado el jolgorio", subraya la especialista, para la que quiénes optaron por seguir adelante con sus bodas hicieron algo que puede considerarse positivo.

Ramos explicó que además esto es una prueba del compromiso de la pareja, ya que no es lo mismo convivir en una situación normal que estar en un confinamiento por la amenaza del COVID-19 unidos las 24 horas, lo que puede aumentar las fricciones dentro de la pareja.

"En estas situaciones debe haber empatía en la pareja, porque no son fáciles estos momentos", dijo sobre todo el tiempo que han tenido que pasar juntas las personas a causa de la pandemia del coronavirus.

"En estos casos cada persona necesita su propio espacio y libertad", destaca sobre cómo las parejas, recién casadas o no, han tenido que atender la situación vivida durante los pasados 2 meses.

La psicóloga destacó que una situación como la del COVID-19 no debería haber alterado tampoco cómo se tomaba la decisión de contraer matrimonio, que como aconseja "debe hacerse bajo la premisa de que va a ser para toda la vida".

"Pero en el caso de los que apostaron por casarse durante el toque de queda demuestra que lo hicieron con un compromiso en el que no pesó que no hubiera celebración", concluyó.

Los casos positivos por COVID-19 en Puerto Rico se acercan a los 3.500 positivos, mientras que las muertes ya superaron la barrera de las 130.