EFEUSASan Juan

El legislador puertorriqueño Urayoán Hernández, informó hoy que continuará defendiendo la industria de gallos ante los congresistas en la Cámara de Representantes de Estados Unidos, tras la aprobación en el Senado estadounidense de la ley que establece política pública y asignaciones agrícolas que atiende la enmienda que busca declarar ilegal las peleas de gallos en Puerto Rico.

En un comunicado, Hernández detalló que se reunió con los senadores Pat Roberts, José Serrano, Madeline Bordallo, entre otros, para que rechacen declarar ilegal estas batallas en la isla, y cuyo sector genera sobre 87 millones de dólares anuales.

En enero pasado, Hernández radicó el proyecto de ley 1432, para atender este y otros asuntos relacionados al deporte de gallos, y reafirmó que la situación no acabó con la aprobación de esta ley en Senado federal, sino que ahora irá su reclamo directo a la Cámara de Representantes de Estados Unidos.

"Hemos ganado una pelea, pero nos falta la batalla. Estamos preparados para continuar orientando a los representantes estadounidense sobre el impacto económico que tiene para nuestra isla las peleas de gallos", sostuvo Hernández.

"Esto no se trata ya de diferencias entre demócratas y republicanos, ahora se trata de beneficios positivos o negativos en la inyección económica que representan las peleas de gallos", enfatizó.

Las peleas de gallos están reguladas en Puerto Rico por la Ley 98-2007, conocida como "ley de Gallos de Puerto Rico del Nuevo Milenio".

"Las peleas de gallos contribuyen al 7,2% del turismo de la isla y su economía. Al igual, genera sobre 30.000 empleos directos y 25.000 indirectos alrededor de toda ia Isla. Los pueblos de la montaña son los más que sufrirían sin retiran estas peleas. Existe toda una economía alrededor de estos combates de gallos", afirmó Hernández.

"El deporte de caballeros", como se le conoce a las peleas de gallos, fue introducido en Puerto Rico por inmigrantes españoles en el siglo XVII.

Con la llegada de los norteamericanos en el 1898, se prohíbe la práctica de este deporte, dando lugar a que este deporte se practicara de manera clandestina.

En el año 1933, el entonces gobernador, Robert Gore, declara las peleas de gallos como un deporte oficial en Puerto Rico.