EFE NewsLos Ángeles

Cuando a mediados de marzo las autoridades de California ordenaron también el cierre de iglesias para evitar el contagio de la COVID-19 la mayor preocupación del padre Arturo Corral era que sus feligreses se alejaran de la iglesia. Ahora, tras la reapertura, su desasosiego es que no da abasto con los pedidos para realizar bautizos.

“Estamos haciendo hasta ocho celebraciones de bautizos comunitarios en un día, y aún así no hemos podido cubrir la lista de espera que tenemos”, confesó a Efe Corral.

El reverendo es la cabeza principal de Iglesia de Nuestra Señora la Reina de los Ángeles, un templo construido en 1784 en el centro de Los Ángeles, a pocas calles de la Alcaldía, y que por tradición ha sido un punto de encuentro de los católicos hispanos de la región.

Según Corral, a este templo llegan a celebrar bautizos familias enteras no solo de Los Ángeles sino de toda California, y con invitados que viajan desde Arizona, Texas, Nevada e incluso desde México.

“Esta iglesia siempre ha sido el punto de reunión de inmigrantes y residentes de muchas partes del país, y de fuera”, recalcó.

CIENTOS DE BAUTIZOS RETRASADOS

Para marzo 19, cuando las órdenes de permanecer en casa entraron en vigor en California y muchos comercios e instituciones tuvieron que bajar las persianas, la iglesia tenía programados cerca de 350 bautizos para el sábado de esa semana, una cifra de familias similar esperaba cumplir con este sacramento de la fe católica la semana siguiente.

El avance del coronavirus canceló todos esos planes, pero aún así los padres de familia seguía llamando para saber cuando podían bautizar a sus hijos, cuenta el padre. De esa lista inicial quedaron al menos 600 familias esperando.

“Ha sido muy reconfortante ver que tantas familias hispanas seguían, siguen, llamando e insistiendo, están poniendo mucho empeño, pero también nos ponen en un dilema porque las condiciones no nos permiten atender a todos”, reconoce el sacerdote.

PREOCUPACIÓN POR LOS ESTRAGOS DE LA PANDEMIA

Uno de los cientos de insistentes progenitores es Víctor García, un mexicano que labora en el sector de alimentos y es padre de tres niños, el menor de ellos con un año acabado de cumplir y sin bautizar, para su preocupación.

“He sabido de personas conocidas que han muerto del coronavirus, y que esto también le da a los niños, entonces hablamos con mi esposa que lo mejor era tener todo arreglado con las cosas de Dios porque no sabemos que va a pasar con este virus”, dijo a modo de explicación.

Javier Pinto Contreras, licenciado en Teología y Máster en Sagrada Escritura por el Instituto Católico de París, Francia, explicó a Efe que el bautismo estuvo fuertemente marcado por una mirada restrictiva de la salvación en décadas pasadas.

“El pensamiento católico ha planteado durante siglos que el bautismo es el sacramento que conduce a la salvación, dado que permite ser miembro de la Iglesia y borrar las huellas del pecado original”, abona Pinto Contreras.

No obstante, el teólogo aclara que la iglesia católica ha avanzado en este contexto y que “los niños nacidos en familia cristiana fallecidos sin alcanzar a ser bautizados por sus padres, a pesar de su intención de hacerlo, están ya de cierta manera en la comunión de fe y gozan de los frutos de dicha comunión”.

En 2007, la Comisión Católica Internacional eliminó lo que comúnmente se conocía como limbo, el lugar donde la tradición católica colocaba a los niños que morían sin recibir el bautismo, al considerar que refleja una "visión excesivamente restrictiva de la salvación”.

García asegura desconocer este cambio en la fe católica, y prefiere insistir en la búsqueda de una iglesia donde bautizar a su hijo, una labor que está cuesta arriba.

“Hemos buscado con mi esposa en bastantes iglesias pero aún nada que nos dan una fecha”, señaló el inmigrante.

BAUTIZOS AL AIRE LIBRE

Sumada a la gran afluencia de solicitudes de bautizo, el padre Corral y los otros dos sacerdotes de la iglesia tienen que lidiar con las ordenes del gobernador Gavin Newsom de realizar las celebraciones al aire libre.

La iglesia ha tenido que utilizar su patio para realizar las ceremonias, y mantener a las familias conservando el distanciamiento social, y el uso de mascarilla.

Los sacerdotes han tenido que multiplicar su trabajo y extender el número de ceremonias, limpiar las sillas entre cada cambio, cuidar que el aceite y el agua usada no se contamine, entre las muchas labores que se deben hacer para poder realizar la ceremonia.

También han tenido que reducir el numero de personas que pueden ingresar. Solo los padres, los padrinos y el menor del bautizo pueden estar presentes y solo pueden atender un 25 % de las casi 400 familias que solían ir un sábado antes de la pandemia.

“Es un poco triste porque este (el bautizo) es un sacramento que toda la familia quiere presenciar, y participar de esta celebración”, se lamentó. .

La insistencia de las familias ha sido tanta que la Iglesia tuvo que adaptar un pequeño patio para bautizos privados, que se pueden realizar cualquier día aunque esta opción también tiene una lista de espera.

Aunque agotado por todo el trabajo realizado, el sacerdote Corral asegura sentirse regocijado porque no ha existido ninguna queja y por el empeño que las familias hispanas están poniendo.

“Los niños están con sus trajes hermosos, hay mucho amor y fe en estas familias, es algo que da felicidad en estos tiempos de pandemia”, puntualizó el reverendo.

No solo los bautizos se han visto afectados por la "nuerva normalidad" que ha impuesto el coronavirus, que solo en California suma más de 640.000 casos, el estado con más positivos de todo el país.

A comienzos de agosto, la Arquidiócesis de Los Ángeles ordenó a ocho nuevos sacerdotes en una ceremonia en el patio de entrada de la Catedral de Los Ángeles..

“Son tiempos de coronavirus y tenemos que adaptarnos, esta enfermedad no va a derrotar nuestra fe”, manifestó el reverendo.