EFE NewsEcatepec (México)

La pandemia del coronavirus ha impactado con fuerza a las populosas ciudades del Estado de México, región que colinda con la capital mexicana, donde muchos ciudadanos no creen que exista la enfermedad a pesar de que se duplicaron los fallecidos de COVID-19 durante la segunda mitad de junio.

De acuerdo con datos oficiales, el Estado de México, la región más poblada del país con 16 millones de habitantes, acumula 36.600 enfermos confirmados y 4.600 fallecidos.

Este estado congrega varias ciudades colindantes con la capital mexicana con altos índices de pobreza como Ecatapec de Morelos, el segundo municipio más poblado de México y un foco rojo de la pandemia con 500 fallecidos confirmados.

UN CEMENTERIO PARA LA COVID-19

La encargada de panteones de la ciudad, Angélica Almazán, contó este sábado a Efe que el ayuntamiento decidió concentrar todos los entierros por COVID-19 en uno de los tres cementerios municipales como medida de seguridad.

El panteón elegido como "sede COVID" para este municipio fue el de San Isidro, un panteón de unas dos hectáreas ubicado en un cerro y con una capacidad para 8.000 difuntos.

"Decidimos que se le diera un espacio exclusivo para los difuntos del tema COVID porque el panteón está más alejado de toda la zona centro de Ecatepec", explicó la funcionaria.

El incremento de trabajo para los servicios funerarios de Ecatepec ha sido muy brusco hasta alcanzar un promedio de 15 entierros diarios, una cifra nunca vista.

Según los datos oficiales, el número de fallecidos en todo el país aumentó un 52 % del 15 de junio al 30 de junio, mientras que en el Estado de México el incremento fue del 115 % y en Ecatepec del 168 %.

"Antes teníamos dos, tres días que no había nada y con lo del COVID está siendo muy pesado. Tenemos un promedio de 15 diarios. La semana pasada ya bajó y hoy tenemos 8. Gracias a Dios ya está bajando de tantos difuntitos", contó a Efe el responsable del panteón, Genaro Agustín, de 72 años.

A pesar de la leve tendencia a la baja de los últimos días, el ayuntamiento está cavando una gran fosa común para enterrar a fallecidos por COVID-19, ya sean confirmados o sospechosos, en caso de que fuera necesario.

"Esta fosa se está abriendo para que si hay algún problema de COVID más fuerte, se van a meter en la fosa común todos los difuntitos en ataúd. Caben unos 165 difuntitos y mide cuatro metros de ancho, 12 de largo y cuatro de hondo", explicó don Genaro.

Hasta el momento, el cementerio ha podido solventar la situación y no ha necesitado usar la fosa común, aunque las autoridades del municipio no descartan tener que usarla dentro de unas semanas e incluso tener que ampliarla.

"Todo depende de cómo esté la ciudadanía, si siguen las medidas de protección o no. Si llega una recaída y tenemos muchos decesos, la vamos a tener que ocupar", advirtió Almazán.

ENTRE LA POBREZA Y LA INCREDULIDAD

En municipios como Ecatepec, igual que en los barrios más humildes de la capital, gran parte de la ciudadanía no puede cumplir el exhorto de las autoridades de quedarse en casa, puesto que viven del comercio informal.

El panteón de San Isidro está abierto solo para los familiares que entierran a un difunto y para los grupos musicales que deambulan entre las tumbas a la espera de que en algún funeral les pidan interpretar alguna canción de despedida.

"Tenemos miedo de andar por aquí, pero tenemos la obligación porque todos los restaurantes están cerrados y los eventos que teníamos nos cancelaron", explicó Rodrigo González, uno de los cinco miembros de Los Tigres de la Huasteca.

Además de la pobreza, el desconocimiento y la incredulidad frente al coronavirus son un caldo de cultivo para la expansión de la enfermedad en estos municipios, donde mucha gente no lleva cubrebocas y se siguen celebrando fiestas y reuniones familiares pese a estar prohibidas.

Almazán explicó que hay un problema con algunos ciudadanos "escépticos", que a pesar de que en el certificado de defunción pone que su familiar murió de COVID, "dicen que no murió de eso".

Para las familias este es un tema muy importante ya que los difuntos de coronavirus son enterrados directamente al llegar al cementerio sin que sus allegados puedan abrir el ataúd y despedirse como dicta la tradición.

"Las personas cuando llegan quieren abrirlo pero ya no se les permite. Sí se enojan porque quieren verlo", contó don Genaro, quien matizó que no ha habido mayores problemas más allá de algún joven ebrio que ha intentado abrir el ataúd.

México inició en junio un plan de reapertura con diferentes velocidades en cada uno de los 32 estados, aunque la pandemia sigue avanzando y el pasado jueves se registró un récord de 6.741 nuevos casos os en un día.

Con 245.251 casos confirmados y 29.843 fallecidos, México es el sexto país del mundo con más muertos por COVID-19, superando a España.