EFEUSAChicago (IL)

Un informe interno de 2016 en torno a la muerte en Chicago del joven afroamericano Laquan McDonald, de 17 años y abatido a tiros por el policía Jason Van Dyke, refleja incongruencias y una "falsa narrativa" dada por 15 agentes que dieron su testimonio sobre el hecho.

El reporte elaborado por el inspector general de la ciudad, Joseph Ferguson, sobre este suceso ocurrido en 2014 y que mereció una sentencia de seis años y nueve meses de prisión para el oficial, fue divulgado este miércoles tras una orden de la alcaldesa, Lori Lightfoot, que ha prometido "transparencia" en su gestión.

El informe concluyó que, además de Van Dyke, 15 policías cometieron faltas y ocultaron la verdad en torno al suceso, en el que la víctima recibió 16 disparos mientras estaba lejos del agente, la mayoría de ellos cuando el joven ya se encontraba inerte en el suelo.

El reporte, en el que el inspector sugirió que los 15 agentes sean despedidos o sancionados, va en la misma línea de lo revelado en el proceso judicial, en concreto que Van Dyke y su compañero, el agente Joseph Walsh, mintieron cuando dijeron que el joven se les acercó blandiendo un cuchillo con intención de matarlos y además intentó levantarse del suelo luego de ser disparado.

Los policías vinculados al caso también se deshicieron de declaraciones de tres testigos que presenciaron los hechos, a la vez que los agentes, desde la posición en la que estaban esa noche, no hubieran podido escuchar la interacción entre la víctima y Van Dyke, indica el reporte.

Los falsos testimonios de los policías, según el documento, llevaron al Departamento de Policía de la ciudad a dar "una falsa narrativa de los hechos para justificar el tiroteo contra el joven".

El incidente ocurrió en el vecindario de Archer Heights, en el suroeste de Chicago, donde el joven había estado robando radios de vehículos estacionados, armado con un pequeño cuchillo.

Luego se comprobó que McDonald, que no acató las órdenes policiales de arrojar la navaja al suelo, estaba drogado.

Van Dyke fue uno de los últimos oficiales en llegar al lugar y casi de inmediato disparó su arma de fuego contra McDonald, y no una pistola eléctrica Taser como se le había solicitado.

El suceso desató grandes protestas y críticas contra la Policía local y el alcalde de la ciudad en ese entonces, Rahm Emanuel.