EFEMéxico

Todo se monetiza, incluida la naturaleza. Desde el tiburón blanco hasta los bosques tropicales, todo tiene un valor en el mercado, el cual en ocasiones legitima la explotación excesiva de los recursos, al tiempo que las actividades sustentables tratan de ganar terreno.

Con los números en la mano, el codirector de la organización de conservación y fomento al ecoturismo Pelagic Life, Eduardo Martínez, cuenta a Efe que las autoridades y comunidades rurales de México deben adoptar acciones de uso sustentable de la biodiversidad, pues la fauna silvestre tiene mucho más valor viva que muerta.

Según estima el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) al año mueren 100 millones de tiburones debido a la pesca comercial.

Por su parte, la Universidad de Dalhousie, en Canadá, estima que un kilogramo de carne de tiburón tiene un valor de 108 dólares en el mercado.

Según el especialista, universidades de Las Bahamas, en el Caribe centroamericano, documentan que los tiburones que están en esa región alcanzan hasta los 100.000 dólares de valor como atractivo ecoturístico.

La industria de buceo con tiburones permitió que en Las Bahamas se obtuviesen beneficios por valor de 800 millones de dólares durante los últimos 20 años.

El valor de un tiburón vivo de arrecife que frecuenta lugares de buceo es 17.000 veces mayor al valor que tiene muerto.

El especialista en ecoturismo cuenta que en México su organización busca replicar ese éxito con los pescadores de San Carlos, en el árido estado de Baja California, capacitándolos e instruyéndolos sobre los beneficios monetarios de llevar grupos de turistas a nadar con los escualos.

En este caso, podrían obtener hasta 5.000 pesos (266 dólares) con estas actividades, mientras que cada tiburón muerto les otorga 500 pesos (26 dólares) al venderlo en las pescaderías.

Comenta que en las aguas mexicanas, en sitios como Islas Marietas, Puerto Vallarta, Isla Guadalupe, Los Cabos o La Paz, entre otros, se tienen especies como ballenas, mantas, peces luna, tiburones, marlines, orcas o tortugas, entre otros, las cuales pueden ser objeto de proyectos comunitarios para que las comunidades se empoderen con los programas de turismo de observación.

Martínez lamenta que México presente diversos atrasos en ecoturismo sustentable y ejemplo de ello, opina, son los planes de manejo que tiene la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

El licenciado en negocios internacionales por la Universidad Anáhuac considera que los reglamentos de la dependencia ambiental tienen renglones utópicos que frenan el desarrollo de esta industria e impiden que comunidades rurales cumplan con los requisitos que se les solicitan.

Por este motivo, cree, luego dan muerte a estas especies en lugar de aprovechar el alto valor económico que tienen en vida libre.

Después agrega que tanto las comunidades como las organizaciones ambientales y de turismo en México desconocen la existencia de estudios fidedignos que indiquen un valor estimado de cuánto deja este sector manteniendo vivas a determinadas especies.

El estudio Valoración Económica de los Recursos Biológicos del país realizado por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), al cual tuvo acceso Efe, considera que la valoración económica de la biodiversidad es un instrumento útil para la gestión de los recursos naturales.

Dicha cuantificación permite, si es adecuadamente utilizada, dar criterios cuantitativos para priorizar actividades en estos ecosistemas.

En el trabajo se ejemplifica que el bosque templado mexicano cuenta con al menos 613 especies de plantas utilizables que con el conocimiento y la tecnología actual podrían generar 1,17 millones de toneladas de biomasa con un valor en el mercado de 528 millones de dólares.

De otro lado, el bosque tropical, con al menos 574 especies de plantas, podría generar 1,6 millones de toneladas de materia vegetal por valor de 729 millones de dólares.

Adicionalmente, se estima que los ingresos anuales por ecoturismo podrían alcanzar entre 30 y 34 millones de dólares.

Este trabajo estuvo inspirado en el de Pavan Sukhdev, economista ambiental que en 2007 lideró el proyecto Economía de Ecosistemas y Biodiversidad, (TEEB por sus siglas en inglés) para la Organización de Naciones Unidas (ONU por sus siglas en inglés).

Dicha iniciativa, que por primera vez abordó el problema de la pérdida de biodiversidad y la degradación de los ecosistemas en términos de bienestar económico, arrojó datos relevantes como la pérdida de 2.000 a 4.000 millones de dólares debido a la falta de biodiversidad.